Deathtech · Eventos & Industria

El deathcare latino ya tiene su cumbre

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Chile juntó por primera vez a toda la industria funeraria de la región en un mismo salón. La foto fue real, y también incompleta: casi todo el foco estaba en lo que pasa después de morir, y casi nada en lo que deberíamos ordenar antes.

Funexpo Latam 2026 en Chile y la cumbre del deathtech latinoamericano - Miguel Farrell.

Chile juntó por primera vez a toda la industria funeraria de la región en un mismo salón. La foto fue real, y también incompleta: casi todo el foco estaba en lo que pasa después de morir, y casi nada en lo que deberíamos ordenar antes.

Por Miguel Farrell

El 1 y 2 de agosto se hizo en CasaPiedra, en Santiago, la Funexpo Latam 2026, la primera cumbre internacional de la industria funeraria que se arma en la región. Estuvieron funerarias, cementerios, crematorios, aseguradoras, proveedores y fabricantes de siete países: Chile, México, España, Perú, Venezuela, Guatemala y Brasil. Y no fue un evento de nicho medio vacío. Semanas antes de abrir ya se había reservado más del 90% de los stands. Para un rubro que durante décadas prefirió no mostrarse, ese número dice bastante.

La parte tecnológica tuvo nombres concretos. La española Etik llevó un horno crematorio híbrido que puede funcionar con hidrógeno, electricidad o gas, pensado para gastar menos y contaminar menos. La brasileña Adiaŭ, que nació en plena pandemia y ya figura entre las startups más innovadoras del ranking Open Startups, fue con lo suyo: transmisiones en vivo de ceremonias y memoriales digitales. Y de local, funerariapp —con apoyo de Startup Chile y CORFO— mostró su marketplace de operadores certificados para acompañar a las familias en el peor momento. En las charlas hubo de todo: Nicolás Bergerie, de Acoger; el tanatólogo William Aguilar, de la Universidad de Chile, hablando de dignidad póstuma; la mexicana J. García López. Cremación, duelo, transformación digital.

El negocio que nadie quiere nombrar y todos vamos a usar

Atrás de todo esto están las cifras, y hay que leerlas con cuidado, porque no se ponen de acuerdo entre ellas. Forbes Chile, citando a Business Research Insights, pone el mercado global del deathcare en unos US$149.340 millones para 2026, con proyección a US$217.340 millones en 2035 y un crecimiento anual cercano al 4,2%. Pero si buscás otra fuente te da otro mapa. GII Research dice US$148.600 millones y un CAGR de 7,5%. GlobeNewswire, más cauta, habla de US$120.420 millones. Global Market Statistics calcula US$142.890 millones. Cuatro casas, cuatro números. Lo único en lo que coinciden es en la flecha: para arriba.

A mí el dato que me interesa está en la letra chica. La gestión de legado digital y datos post mortem —según Fact.MR— hoy vale apenas unos US$700 millones. Pero la proyección es a US$16.000 millones para 2036, creciendo casi 36% al año. No hay otra casilla de esta industria que crezca así. Y tiene lógica: es la única que no habla del cuerpo. Habla de todo lo que queda sin ordenar cuando alguien se va.

Mi lectura

Funexpo confirma algo que en Past Post venimos diciendo hace rato: el deathcare latino salió del clóset. Bien por eso. Pero cuando uno mira el programa con calma, se nota que casi todo apunta al después. El horno, la ceremonia, el memorial, la logística del velorio. Del antes —el testamento, la póliza, el legado digital, la conversación incómoda que uno no tiene con su familia— casi nada.

Y ahí está, para mí, la oportunidad más grande de la región. No es un detalle menor. Latinoamérica tiene todo para que el deathtech de planificación funcione: un mercado fragmentado donde nadie manda del todo y eso deja espacio, una digitalización que la pandemia dejó puesta y no se fue, y una cultura que se toma en serio las despedidas. Tecnología para cremar mejor nos sobra. Lo que falta es que una familia no tenga que descubrir, el peor día de su vida, que no sabe dónde están las cuentas, ni las claves, ni qué quería la persona que se murió.

Chile lo muestra sin proponérselo. En 2025 murieron ahí 125.458 personas, y para 2050 tres de cada diez chilenos van a tener más de 65 años. La región envejece rápido. Así que la pregunta no es si vamos a necesitar todo esto. Es si vamos a llegar preparados o improvisando.

Por eso escribo. Creo que la próxima frontera de esta industria no está en el crematorio. Está en correr la conversación desde la muerte hacia lo que dejamos armado antes de irnos. Funexpo logró algo difícil: sentar a toda la industria en la misma sala. Ahora falta que esa sala empiece a hablar del "antes de morir" con la misma seriedad con la que hoy habla del después.

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